• Desafío al corazón. Capítulo {68}

9:00

|| Narra ___ ||
Tres segundos. Tres segundos que mantiene su mirada en mí para luego acercarse y cerrarlos. Siento sus labios, cálidos. Suaves y calientes. Sus labios, saben a pasta de dientes de menta y se mueven con los míos en un ritmo lento, suave. Su nariz acaricia la mía con cada leve movimiento que hacen nuestras bocas. Es una sensación hermosa. Dejando un ligero chirriar de labios me abandona y suelta una leve risa acercándose a la nevera.
Me quedo observándole. La playa. Una sorpresa. Una cabaña. Una cama. Flores. Comida. Él. Y yo. Solos.
Miro hacia la ventana, hace viento, el cielo está oscuro.
-¿En qué piensas? – pregunta con una voz tomada y algo ronca. Lo miro un segundo, me ha logrado exaltar. En realidad no lo sé. No sé en qué pienso.
-No lo sé.
-¿No sabes? – sonríe alejando la silla, ofreciéndome asiento. Me acerco, le devuelvo la sonrisa y le miro.
-Gracias. – susurro. – Y no, no lo sé.
Se sienta justo en frente. Ha preparado pasta con salsa de tomate y mozzarella. Y sé que la ha preparado él porque es una de sus comidas favoritas. Se levanta de la mesa un segundo y camina hasta la nevera sacando una botella de champán. La playa. Una sorpresa. Una cabaña. Una cama. Flores. Comida. Él. Y yo. Solos. Y champan. Sin duda, este día no se me va a olvidar jamás.
Un segundo más tarde toma su asiento y tira del corcho que sale volando y cae Dios sabe dónde. Aunque eso es lo que menos importa ahora mismo.
-¿Quiere? – me pregunta con aires de actor. Le sigo el juego.
-Si por favor. Nunca lo he probado.
-Siempre hay una primera vez para todo.
Me mira, con su cara divertida. De la misma forma que me miró el primer día. Cuando nos vimos por primera vez. Siento algo revolucionarse en mi estomago. Te acercas a mí me entregas una mientras levantas la otra y ofreces un brindis por nosotros, por el sentimiento que nos embarga, porque este momento sea infinito y sobre todo inolvidable.
-Por ti y por mí. – susurra clavando su mirada en mis ojos. Perseverantes.
-Por ti y por mí. – le imito elevando mi copa haciendo sonar el ligero roce de estas. Tomo un trago.
-¿Le gusta?
-Es…
-Amargo. – me roba las palabras. Yo elevo una ceja y paso la lengua por mis labios.
-Exactamente. – asiento mientras él curva sus labios, dejando visible una pequeña parte de su dentadura.
Destapa un pequeño caldero y me sirve, para luego servirse él. Se ve delicioso. Enrollo la pasta en mi tenedor y lo pruebo. Él me mira expectante. Quiere saber mi opinión. Y me hago derogar saboreándolos.
-Deliciosos.
Justin sonríe y comenzamos a comer. Nos reímos de vez en cuando, ya hemos dejado los aires de actor y actriz. La comida está muy buena y el champán ya no es tan amargo. Pero no quiero tomar más. Me sirvo un poco de agua y miro hacia la ventana.
-Está lloviendo. – susurro. Él se gira y observa como el cielo está oscuro y como el mar bravo se nos presenta cerca. Luego vuelve la mirada hacia a mí.
-Se pasará. – ríe.
Coloco mi plato sobre el de él. Justin se acerca a la nevera de nuevo.
-Bebé yo no quiero más nada, estoy muy llena. – digo sincera.
-Esto no me lo puedes negar. – dice sacando dos rodajas de sandía.
La verdad que no concuerda mucho con el tiempo, pero…al diablo el tiempo.
|| Narra Justin ||
Le paso una rodaja, ella la toma y la coloca en su plato. Se levanta rápido y va hacia la cama, coge la chaqueta que tiré anteriormente y se la pone por encima. La verdad que hace fresco. Está lloviendo fuerte. Vuelve a su sitio, cruza sus delgadas piernas y muerde la rodaja para inmediatamente recoger un poco de jugo que se le resbala de los labios.
Yo no quiero forzar esto ni mucho menos. Quería darle una sorpresa, hacerla sentir querida. Recuerdo que mi madre siempre decía que a las mujeres les gustan los detalles y las sorpresas. Mi madre. Basta de recuerdos. ¡Déjame! Entonces cierro los ojos un segundo y trato de contener las lágrimas. Y lo consigo. Hoy no mamá. Quiero estar contento, quiero reír, quiero estar bien. Sí, yo también te echo de menos. Son tantas cosas las que echo de menos…pero hoy tengo ganas de no pensar. Te lo ruego.
-¿Estás bien?
No sé en qué momento se sentó en mi regazo. Me acaricia suavemente el cuello y me consigue relajar del todo. Los pensamientos han desaparecido. Ahora solo estamos ella y yo. Sólo ella y yo.
-Estoy bien.
Le sonrío dulcemente. Al principio la veo confusa. Me conoce demasiado. Me conoce mejor que yo mismo. Luego termina sonriendo y besando mi mejilla. Se levanta y se sienta de nuevo justo en frente. Yo tomo mi sandía y muerdo. Está buena. Chupo intentando no perder ni siquiera una gota. Me río. Ella hace lo mismo. Es fresca, dulce. ___ sigue comiéndola. Le gusta. Se quita la chaqueta, la tira al suelo.
-Está muy buena está sandía.
“No tanto como las tuyas” quisiera añadir. Pero opto por un…
-Demasiado.
-No me mires así.
-¿Así como? – pregunto divertido.
-Así.
-No puedo mirarte de otra forma.
Ella se esconde en la sandía algo sonrojada, mordiendo otro pedazo. Vuelve a lamerse los labios y deja su rodaja acabada sobre el plato. Se pone en pie. Qué bonita es. Tiene un traje blanco corto que se cruza al llegar al cuello y termina en un nudo tras la nuca. Una buena elección para estar en la universidad. No se imaginaba que la iba a traer aquí. Se sienta sobre mí.
-¿Te gusta? – me pregunta en ese tono que hace que me vuelva loco. Chupo mis labios. La miro.
-Me encanta.
-A mí ya se me acabó.
-¿Quieres la mía?
Vale, quizás sonó un tanto extraño. Pero juro que no me refería exactamente a ese tipo de…es decir, me refería a mi sandía. Sólo a mi sandía. Ella ríe débilmente y no puedo evitar carcajear yo también.
-Me refería a….
-Shh. – me silencia.
Le miro perdido en sus labios. Me ha puesto a mil ese gesto.
-Ahora eres tú mi sandía.
Sus manos suben, bajan y vuelven a subir por mi cuello, a mi nuca, acercándome. Sus dedos acarician mis cabellos. Su boca se mueve sensual sobre la mía, llegando a excitarme. Y cuando su lengua acaricia con ansias la mía, creo que puedo llegar a volverme loco. Me besa maravillosamente bien, tranquila, dulce, mucho rato. Juega con mi labio inferior succionándolo, lo estira ligeramente hacia ella, hacia su boca. Y después de repente, lo suelta. Necesito sentirla. Me giro un poco y ella se coloca mejor sobre mí. Pero la noto incomoda, intento cogerla a ahorcadas.
-Tengo un traje. – me dice algo agitada.
-¿Qué problema hay?
Esto va a resultar un poco más difícil de lo que pensaba. La otra vez estaba algo tomada. Pero otra vez me equivoqué.
-Es cierto, no hay ningún problema.
Estira sus piernas y se sienta sobre mí, a ahorcadas y vuelve a besarme. Al sentir su cálida lengua con la mía siento varios disparos de electricidad. En distintos lugares de mi cuerpo. Su lengua y la mía juegan divertidas mientras sonreímos sobre nuestras bocas. Con ansias. Recorro su espalda varias veces mientras ella acaricia mi nuca y se funde más en mí. Se escucha el goteo del agua fuerte, sin pausa. De repente ___ abandona mi boca. Se queda a unos milímetros de mis labios. Con los ojos cerrados. Con la respiración agitada. Se escapa de mis brazos. Rápida. Corre. Abre la puerta de la cabaña.
-¿A dónde vas?
Me ignora. Y ríe. Mirando el cielo, empapándose. Con las manos extendidas. Mojándose entera. Preciosa. El pelo le escurre. El vestido se funde en su piel. Pero no le importa. Corro hacia ella, la levanto del suelo haciéndola volar dos veces. Quizás tres. Reímos. Reír. Estallar de risa hasta que te duelan las comisuras de los labios, hasta que te duela la tripa. Reír de locura, de felicidad. Ríe con tus amigos, con tu familia, con ese chico nuevo que ha aparecido en tu vida, por el cual sientes algo. Ríe con él. Con ella. Pero hazlo siempre, porque nunca sabes quién se puede enamorar de tu sonrisa.
La devuelvo al suelo y ella me sonríe rodeándome con sus brazos. Le aparto el cabello de la cara y se muerde el labio inferior.
-Te amo. – me susurra ligeramente sonrojada mientras el agua nos empapa incluso más.
La observo. El agua le cae por la frente, baja por las pequeñas arruguitas que le salen bajo los ojos cuando sonríe y se pierden en sus labios. Sonrío. Bajo la lluvia con la chica de mis sueños. Otra película de mamá. Una película francesa, dos chicos bajo un paraguas, bajo el agua. Una película italiana. Dos chicos. Él, se tiene que marchar. Y ella, tiene que renunciar a su amor por sus estudios. Se besan bajo el agua.
-Je t'aime. – susurro esta vez yo. – Ti amo.

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